Portrait of Giovanni Arnolfini and his Wife

Portrait of Giovanni Arnolfini and his Wife - Jan Van Eyck
Probablemente ninguna de las personas que vean éste cuadro sospecha que sus detalles son algo mas que fascinantes curiosodades, aún siendo éste catalogado como uno de los cuadros mas preciosos del mundo. Ambos esposos, solemnes, bellamente ataviados, tienen tan convincente personalidad que, una vez conocidos, persisten en nuestra memoria como personas reales. Recordamos su aire de condescendencia y gravedad, no obstante lo raro de haber sido retratados así, de píe, en una recámara y rodeados de cosas ordinarias: un pequeño perro, frutas esparcidas en la mesa y en el umbral de la ventana y un par se zuecos tirados en el piso. Resulta insólito que en el candil haya sólo una vela e insólito también que esté encendida a la luz del día y que el artísta haya inscrito su nombre tan ostensiblemente en el muro de atrás. Esto último es mas sorprendente dado que en la época en que fué pintado el cuadro, hace mas de quinientos años, no era usual que un pintor firmase su obra. El hecho es que así, somos testigos de una ceremonía de matrimonio. El aire de solemnidad se explica cuando nos damos cuenta de que las manos estás unidas en el juramento matrimonial.
Probablemente ninguna de las personas que vean éste cuadro sospecha que sus detalles son algo mas que fascinantes curiosodades, aún siendo éste catalogado como uno de los cuadros mas preciosos del mundo. Ambos esposos, solemnes, bellamente ataviados, tienen tan convincente personalidad que, una vez conocidos, persisten en nuestra memoria como personas reales. Recordamos su aire de condescendencia y gravedad, no obstante lo raro de haber sido retratados así, de píe, en una recámara y rodeados de cosas ordinarias: un pequeño perro, frutas esparcidas en la mesa y en el umbral de la ventana y un par se zuecos tirados en el piso. Resulta insólito que en el candil haya sólo una vela e insólito también que esté encendida a la luz del día y que el artísta haya inscrito su nombre tan ostensiblemente en el muro de atrás. Esto último es mas sorprendente dado que en la época en que fué pintado el cuadro, hace mas de quinientos años, no era usual que un pintor firmase su obra. El hecho es que así, somos testigos de una ceremonía de matrimonio. El aire de solemnidad se explica cuando nos damos cuenta de que las manos estás unidas en el juramento matrimonial.
Posted by Miss Pyrite at 4:02 p.m.








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